coleccionista de sonrisas
<< Mi pequeño [GRAN] secreto: soy una adicta irremediable a las sonrisas. A lo largo de mi vida, he llevado siempre conmigo una maleta para guardarlas, para resistir mis momentos de dependencia máxima...algunas sonrisas robadas han sido realmente efímeras, otras han sido con fecha de caducidad, mientras que otras necesitaria toda una vida para poderlas olvidar. ¿Qué lugar ocupas tú? Atrévete a sonreír >>.
domingo, 13 de noviembre de 2011
la tristesa és el preu de l'alegria.
sábado, 29 de octubre de 2011
Si...
Si…
Si pots mantenir el cap assenyat quan al voltant
tothom el perd, fent que en siguis el responsable;
si pots confiar en tu quan tots dubten de tu,
deixant un lloc, també, per als seus dubtes;
si pots esperar i no cansar-te de l’espera,
o no mentir encara que et menteixin,
o no odiar encara que t’odiïn,
sense donar-te fums, ni parlar en to sapiencial;
si pots somiar —sense fer que els somnis et dominin,
si pots pensar —sense fer una fi dels pensaments;
si pots enfrontar-te al Triomf i a la Catàstrofe
i tractar igual aquests dos impostors;
si pots suportar de sentir la veritat que has dit,
tergiversada per bergants per enxampar-hi els necis,
o pots contemplar, trencat, allò a què has dedicat la vida,
i ajupir-te i bastir-ho de bell nou amb eines velles:
si pots fer una pila de tots els guanys
i jugar-te-la tota a una sola carta,
i perdre, i recomençar de zero un altre cop
sense dir mai res del que has perdut;
si pots forçar el cor, els nervis, els tendons
a servir-te quan ja no són, com eren, forts,
per resistir quan en tu ja no hi ha res
llevat la Voluntat que els diu: «Seguiu!»
Si pots parlar amb les gents i ser virtuós,
o passejar amb Reis i tocar de peus a terra,
si tots compten amb tu, i ningú no hi compta massa;
si pots omplir el minut que no perdona
amb seixanta segons que valguin el camí recorregut,
teva és la Terra i tot el que ella té
i, encara més, arribaràs, fill meu, a ser un Home.
martes, 30 de agosto de 2011
nosotros también tenemos sentimientos
Yo sólo sé que no sé nada, como dijo una vez el gran maestro Sócrates. La única cosa que verdaderamente sé o al menos he aprendido a lo largo de mi existencia, es que soy un burro. Pero después de ser un objeto de burla de cualquiera, después de darme cuenta que soy el payaso mayor de todo este gran circo de animales, he asumido que quizás sí que soy un burro. Cuando digo burro no me refiero a Equus africanus asinus, no hablo del animal doméstico de la familia de los équidos ni del famoso mamífero cuadrúpedo, hago referencia a mi ausencia de astucia debido a la cual todo el mundo me infravalora.
No obstante, el hecho de brillar por mi falta de inteligencia no me impide tener sentimientos. Tengo una cabeza minúscula, pero no me preocupa porqué ésta sirve para pensar y nunca para sentir. Muchas personas e incluso mi amo, me tratan como si yo no tuviera emociones. Pero la verdad es otra. Yo también lloro, siento miedo y pavor al abandono, me siento solo y desdichado cuando todo el mundo me da de lado y algún día, aunque muy pocos y ignorando toda esta impotencia de mi paupérrimo mundo, también me he sentido feliz.
Cuando pienso en todos mis defectos, en mi vida desgraciada y sin ilusión, intento compararme con mi amo y eso me da esperanza y me consuela. Mi amo es algo parecido a una persona que todo el dinero que tiene se lo gasta en vino. Hace siete meses que le prohibieron conducir cualquier tipo de vehículo de motor por circular ebrio y ahora lleva su carro arrastrado por mí todo el día. Es tan pobre y a la vez tan vicioso que debo admitir que muchas veces cuando le cortan el agua de su mugrienta chabola, me da vino para beber. Y no es que le importe que yo esté sediento sino que no quiere que muera porqué sin mí no levantaría el culo del suelo ni podría movilizarse hacia ningún lugar.
¿Pero por qué estoy hablando de él? ¿Para qué estoy dedicándole un sacrificio de mis arcaicas neuronas? Lo odio, en realidad me asquea con todas sus fuerzas. Todavía no sé ni cómo existo. Y es que ayer, a media tarde, circulábamos a 5 km/h en su carro cuando se me cruzó un coche de la policía por delante. Me pisó todo el pié y casi me rompe las patas. Pero claro no importa, al fin y al cabo, soy un miserable burro. Nadie se fijó en mí, se limitaron a detenerlo a él y llevarlo a la prisión. Y quizás debería sentirme triste y solo, a lo mejor tendría que ir a verlo y demostrarle que por encima de todo me duele cómo ha acabado. Pero no lo amo y él tampoco me amaba. Lo que no sabe es que mientras él está hundido en su miseria, yo ya no lo espero. Ahora, soy un aventurero libre que después del canto del primer pajarillo, paseo por los campos disfrutando de cada nuevo amanecer.
martes, 10 de mayo de 2011
"Pequeñas burbujas que flotan viajando en el aire"
